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Hambre de letras

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Este es un espacio en la nada para la nada de las letras, de Alejandro León Meléndez

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Lunes, 19 de junio de 2006

Guatemala 3

En la Mesilla y en Huhuetenango

Los zopilotes rondaban sobre nuestras cabezas. En realidad, se nos advirtió desde Comitán: no el asunto de los zopilotes, sino lo que ocurriría más adelante. Pero en ese momento ni siquiera ver los cuarenta o cincuenta o cien animales negros, alados, dejando sombras contra el suelo me hacía imaginar lo que estaba por pasar. ¿Qué fue lo que nos dijeron en Comitán, primero? Pues que la ciudad de Guatemala era un lugar inseguro, donde las muertes son asesinatos y los despojos son cosa común.
—Es lo mismo que en el DF —les dije yo —, se le advierte a los extranjeros que guarden las cosas de valor, que se muevan en grupos y que no confíen en nadie, ni en los taxistas.
Decidimos, Alonso Guzmán y el Coronado y yo, no hacer mucho caso de las advertencias: humanas o animales. La pareja de Carmen y Esteban comenzaron por aterrarse desde el principio.
En la Mesilla, a eso de las dos de la tarde, se nos prohibió el acceso con la camioneta.
—Por la falta de papales deberán dejar su vehículo en México, o sólo les daré permiso para acceder hasta Huehuetenango, por tres días.
Y nosotros dijimos que no, que mejor dejábamos la camioneta allí mismo, en la línea fronteriza, por los mismos tres días que estaríamos dentro. Así pues, tomamos una de las primeras decisiones erróneamente tácticas, pero acertadas humanamente: nos moveríamos en el interior del país vecino en camión. En bus, como dicen ellos. La única regla que aceptamos seguir, era la de no viajar de noche.
Estábamos a ocho horas de la capital, nuestro destino, y había sólo una corrida directa, en bus, que salía a las once de la noche. Lo que nos dejaría en el destino a las siete de la mañana. Pero eso significaba romper la regla que decidimos que no queríamos. Por eso, tomamos otro camión que salía de allí a las cuatro de la tarde, rumbo a Huehuetenango, para después, esa era la intención, trasbordar hasta la capital.
Salimos, pues, y luego nos enteramos que era la última salida, a la primera ciudad importante desde la frontera: Huehue, como ellos le dicen. El camino era de dos horas, tan sólo. E íbamos contentos.
El bus era de esos que llaman ellos: canasteros. En México se le hubiera llamado: guajolotero. En el techo del camión, la canasta albergaba aves de corral vivas y muertas, costales, maletas, bolsas, bultos y cajas. El equipaje de los mexicanos, en una deferencia hacia nosotros, viajó en el interior del camión, entre la última línea de asientos y la puerta del fondo. Por la que finalmente salimos.
Yo dormí el viaje, cómodo porque los asientos eran amplios. Sin embargo me desperté para descubrir tres cosas: 1) eran lo suficientemente amplios como para albergar, no a dos, sino a tres personas apretadamente. Gente que iría subiendo al autobús durante el trayecto. 2) Un niño chapín, muy hermoso, como de dos o tres años de edad, dormía en los brazos de David Coronado, puesto que su madre se había sentado junto a nosotros. Coronado anunciaría después quedar prendado y enamorado del pequeño, que deseaba adoptarlo y traérselo a México. Y 3) Alonso, sentado por su cuenta en otro asiento, platicaba animadamente con una mujer que se veía muy agradable.
Volvía dormir y no vi los paisajes boscosos de Guatemala. Me desperté con un movimiento brusco de mi compañero de viaje:
—Ala, Alejandro, despierta y levántate. Que el camión no entra a la terminal de Huehue y hay que bajar las cosas.
Alonso fue quien dio el aviso y David me lo pasó a mí. Platicando con la señora se enteró de lo que siempre debimos saber: que las terminales se cierran a las cinco de la tarde, que no hay camiones que viajen de noche, que en Huhue deberíamos pernoctar. Que tuviéramos cuidado con la gente, porque los guatemaltecos son peligrosos.
Me arrojaron por la puerta trasera como un escupitajo. Alguien había lanzado antes a mi maleta, que era la más estorbosa de todas, aunque para mí la más manejable. La bolsa de dormir estaba desenredada por la brusquedad del trato y se manchaba en un charco de lodo acumulado debajo de un puente peatonal.
—La terminal es para allá —señaló Alonso Guzmán sabiendo lo que nosotros no—. Vamos para ver si de casualidad hallamos el último de los camiones.
Eran las seis de la tarde.
Caminamos por donde nos señaló el poeta y hallamos, ciertamente, un lugar abandonado. Sucio, oloroso y rechazante desde la soledad que nos mostraba. Aquello no tenía la forma de las terminales que conocemos en México, pero qué lejos estábamos de saber que la idea de una terminal como la de nosotros no es algo de uso común en el país vecino.
Preguntamos:
—Huy, señores. No hay camiones a Guate. Si quiere, le vendo los asientos para las tres y media de la mañana, que es cuando sale el primero. Más ya no va a encontrar.
Aterrados, cansados por cargar nuestros equipajes y sin otra cosa más que hacer, compramos los boletos (a cincuenta quetzales el viaje, algo así como setenta y cinco pesos mexicanos) y decidimos buscar un lugar donde pernoctar hasta la hora señalada. Pues, se nos advirtió muy caramente "salimos en punto, nos esperamos ni cinco minutos".
Lo que conocimos de Huehue no era muy lindo, así que teníamos toda la intención de no quedarnos allí más tiempo del necesario.
—El hotel más barato—, dije yo. Y la noción fue secundada por David y Guzmán. No llevábamos dinero, y parecía que el viaje a pie nos iba a resultar más onerosos de lo planeado.
A ojo de buen cubero advertimos cuál se vía más chafa y allí entramos.
Ese fue el segundo error táctico, el segundo acierto humano.

ALM

Por: Alejandro León Meléndez | Vetusta Morla | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios


Amigo Alejandro,

Estoy encantado de encontrarlo. Le dejo todo mi afecto.

Saludos desde Tamaulipas

Julio "Hulk" Pesina | 21-06-2006 07:41:12

Hola, Julio.
Yo también estoy encantado de hallarte por estos lares. Y más aun ahora que puedo corresponder a tus visitas. Te mando un abrazo desde Toluca, y hasta Tamaulipas.
Alejandro León "sorpresa" Meléndez

Alejandro León Meléndez | 21-06-2006 19:16:16

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